Casi todos los botes de arándano del mercado anuncian una cifra enorme: "15 000 mg equivalentes de fruta fresca". Suena potente y no significa nada. Lo que se midió en los estudios no fue fruta, fueron proantocianidinas —PAC—, y la cantidad a la que aparece el efecto es 36 mg al día.
Eso es exactamente lo que lleva cada cápsula. Ni una mezcla de veinte extractos a dosis simbólicas, ni un número inflado en la etiqueta. Un solo activo, la dosis que sí se estudió, y el método con el que se comprueba: DMAC/A2, lote por lote.
También importa el tipo. Las PAC de tipo A del arándano rojo dificultan que E. coli se adhiera a la pared de la vejiga. Las de tipo B —las de la uva, la manzana o la mayoría de frutas— no comparten ese mecanismo, por mucho "extracto de frutos rojos" que diga el envase.
Una cápsula al día, pequeña y sin sabor. El bote trae 120: cuatro meses completos. Porque esto es prevención, y la prevención solo sirve si no la abandonas en la tercera semana.